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Un perro nacido para sobrevivir

El Husky Siberiano pertenece a una antigua familia de perros cuyas características coinciden en muchos aspectos. Todo indica que descienden de un tipo común que hoy conocemos como perros de trineo, animales seleccionados durante siglos para resistir climas extremos y trabajar en perfecta armonía con el ser humano.

Esta raza mantiene un claro parentesco con el lobo, del que conserva rasgos físicos y de comportamiento: su pelaje, su aullido, su estructura corporal, su instinto social y su extraordinaria resistencia. Durante miles de años, lobos y perros evolucionaron de forma paralela, hasta que la convivencia con el hombre dio lugar a una diferenciación definitiva entre Canis lupus y Canis familiaris. En el Husky Siberiano, esa herencia ancestral sigue siendo visible.

Diversos estudios, entre ellos los del etólogo y Premio Nobel Konrad Lorenz, sostienen que algunas razas nórdicas conservan un elevado porcentaje de sangre lupoide, lo que explica muchas de las cualidades únicas del Husky.

El pueblo Ciukci y la selección que lo cambió todo

El verdadero secreto del Husky Siberiano se encuentra en la extraordinaria labor de selección realizada por el pueblo Ciukci, en el noreste de Siberia. Para ellos, los perros no eran un lujo, sino una cuestión de supervivencia.

Seleccionaban perros de tamaño moderado, cabeza alargada y fina, pecho profundo, patas delgadas pero musculosas, gran velocidad y carácter dócil. Solo los ejemplares más eficientes sobrevivían. Aquellos que no cumplían los requisitos no se reproducían, ya que en un entorno tan hostil no era posible alimentar animales improductivos.

Gracias a esta rigurosa selección, los Ciukci lograron perros increíblemente versátiles: tiradores de trineo, cazadores, pastores, guardianes y compañeros inseparables. Su vínculo era tan profundo que incluso formaban parte de sus creencias espirituales, como demuestran antiguas pinturas rupestres que reflejan el respeto que se debía a estos animales.

Otros pueblos del norte de Siberia —como los Yakuty, Yukaghiry, Koriki o Itelmen— también criaron excelentes perros de trineo, pero ninguno alcanzó la reputación y eficacia de los Ciukci.

El nombre Husky procede del término con el que los hombres blancos se referían a los esquimales de aquellas regiones árticas. El adjetivo Siberiano hace referencia a su lugar de origen, especialmente a la zona del río Kolyma, que durante el invierno quedaba congelada y permitía una comunicación natural con Alaska.En las lenguas nativas, estos perros recibían distintos nombres —chuchi, chukehi, tchusky o tusky— dependiendo de la región, pero todos hacían referencia al mismo tipo de perro.

De los trineos al reconocimiento mundial

Durante siglos, estos perros fueron conocidos únicamente por el lugar donde vivían. En el noroeste de la bahía de Hudson eran llamados Eskimo o Mackenzie, mientras que en el oeste se les conocía como Huskies. Hacia 1870 se estableció un primer estándar que agrupaba a todos los perros utilizados por los esquimales para el tiro de trineos y umiaks.

A finales del siglo XIX, la fiebre del oro del Klondike transformó Alaska. Miles de personas llegaron a ciudades como Nome, donde pronto comprendieron que la supervivencia dependía totalmente de estos perros. Surgieron apuestas, pruebas improvisadas y, finalmente, las primeras competiciones de trineo. 

En 1908 nace la legendaria carrera All Alaska Sweepstakes, marcando el inicio de las competiciones organizadas. Al principio se utilizaban perros grandes y pesados, seleccionados solo por su tamaño.

Todo cambió en 1909, cuando William Goosak importó perros Ciukci desde Siberia. A pesar de las burlas iniciales por su aspecto ligero, demostraron una resistencia y eficiencia muy superiores.

Figuras clave como Fox Maule Ramsay, John Johnson “Iron Man” y, sobre todo, Leonhard Seppala, consolidaron al Husky como el mejor perro de trineo. Seppala revolucionó el entrenamiento, priorizando el bienestar, la colocación en el tiro y el vínculo con el perro.

Su mayor hazaña llegó en 1925, durante la epidemia de difteria de Nome, cuando recorrió 658 millas en solo cinco días y medio junto a su legendario perro guía Togo, salvando cientos de vidas.

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El Siberian Husky fue reconocido oficialmente por el American Kennel Club en 1930, publicándose el primer estándar en 1932. Desde entonces, la raza se consolidó tanto en el trabajo como en las exposiciones.

El estándar fue revisado en 1938, adoptado por Canadá en 1939, llegó a Europa en 1950 y fue reconocido por la Federación Cinológica Internacional en 1966. El estándar actual, vigente desde 1990, es el resultado de décadas de trabajo y selección. Muchos criadores consideran al macho Pando, nacido en 1955, como el auténtico “padre de la raza”, al ser origen de más de 25 campeones estadounidenses y estar presente en los pedigrís de los mejores Huskies del mundo.

Como criadores entendemos que criar Husky Siberianos es honrar esta historia. Apostamos por una cría familiar, responsable y ética, priorizando el carácter equilibrado, la salud y la funcionalidad, sin perder la esencia ancestral que hace de esta raza algo único.

Cada uno de nuestros perros es parte de nuestra familia y refleja el legado de siglos de selección, trabajo en equipo y respeto mutuo entre el hombre y el perro.

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